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Me voy
a casar pronto. Puedo asegurarles que es el milagro más grande que podía
esperar. Tengo 35 años y por casi 10 años creí que esto no me iba a
ocurrir. Viví sin esperanza durante esos años y la depresión fue mi
compañera constante. A tal punto que por muchos años no recuerdo lo que
era no estar deprimido. Fui un Santo de los Ultimos Días digno de entrar
al templo hasta que tuve 29 años, y después de fallar por tercera vez en
casarme, abandoné mi fe, intenté suicidarme, me alejé de mi familia, y
finalmente acepté las tentaciones de Satanás en una “feliz” vida gay. El
factor más debilitante que me mantenía atrapado era pensar que los
milagros no podían ocurrir en mi vida. ¿Acaso no traté y rogué lo
suficiente de que esos sentimientos no fueran sacados de mi vida?. Aún
cuando disfruté de algunas bendiciones, permití que mi enojo contra Dios
me destuyera la fe y la esperanza. Este corto testimonio no puede
explicar adecuadamente todo, pero quiero señalar algunas cosas que son
verdaderas para mí.
Primero de todo, yo no soy gay. Es verdad que tuve sentimientos
homosexuales por muchos años y elegí vivir un estilo de vida gay por un
tiempo, pero no estaba feliz como un hombre homosexual. Creo firmemente
que soy heterosexual. Creo que una combinación de genética y el medio en
que viví distorsionaron mis pensamientos y sentimientos hacia la
homosexualidad. Yo no elegí mis deseos hacia el mismo sexo. He estado
bajo terapia desde mi temprana adolescencia por temas referidos al
divorcio de mis padres y a una depresión general. Pero sólo desde que
regresé a Utah dos años y medio atrás fue cuando encontré a un terapeuta
que pudo ayudarme a encarar mis sentimientos homosexuales. Entonces fue
cuando realmente comencé mi sincero progreso curando el dolor que había
en mí, y también la depresión. No, el dolor no fue infligido debido a mi
religión, la sociedad, o la intolerancia hacia los homosexuales, sino
por el propio sentido de disonancia que había en mi alma. Ser homosexual
no me trajo harmonía en la vida. Fue entonces que elegí, después de
mucha dificultad, cruzar el cerco. Nadie podía elegir por mí. Era yo
quien tenía que creer que con la ayuda del Señor podía tener éxito.
Segundo, yo soy muy feliz. Nunca fui tan feliz. Ha sido un poco extraño
para mí este último año, cuando tuve que prepararme y trabajar para
casarme, porque nunca antes me había imaginado ser tan feliz. Creo que
esta felicidad es un regalo de Dios, pero que también fui yo quien
eligió trabajar por ese regalo, y aceptarlo de Sus manos. Sé que hay
muchos factores que se involucraron en este estado de felicidad. 1) La
fe y las oraciones de aquellos que me aman, incluyendo mi madre y mi
novia y su familia. 2) Mi obediencia a los principios del Evangelio de
Jesucristo, porque no hay bendiciones que vengan sin obedecer primero
los principios sobre los cuales las bendiciones se basan (D. y C.
130:20-21). 3) La ayuda del doctor Byrd, cuya comprensión, persistencia,
y cuidado genuino me ayudaron a comenzar a creer de nuevo. Finalmente,
4) la misericordia y bendiciones de Dios, quien me ama y me levantó y me
ayudó a volver. Nunca podré adecuadamente pagarle a nadie por estas
bendiciones, sino que trataré de vivir la escritura que dice “en cuanto
lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo
hicisteis” (Mat. 25:40).
Por
mucho tiempo pensé que los cambios eran posibles para otros, pero no
para mí. Ahora sé que cambiar es mucho más difícil que lo que cualquier
conversación puede definir, y que en verdad
es
una elección, la elección más
difícil que jamás he hecho. Eso no quiere decir que menosprecie a
ninguno de mis amigos que han elegido ser homosexuales. Todavía tengo
gran amor y compasión por ellos. Pero también tengo un tremendo respeto
por aquellos de nosotros que se esfuerzan por superar la atracción hacia
el mismo sexo. Ruego por las bendiciones de Dios sobre todos nosotros.
He viajado por muchos caminos extraños alrededor del mundo, y mi vida
espiritual ha reflejado mis viajes. La jornada ha abierto mis ojos y mi
corazón. Mis experiencias tratando de superar la homosexualidad me han
transformado en un mejor ser humano, ¡y no las cambiaría por nada!